
Pero al monto exacto no se lo calcula pensando en un único pase o con la intención de ser vistos siempre que se tenga nuts. Por definición, debe considerarse la expectativa de ganancia en el largo plazo.
En un extremo, si se revira lo mínimo, o sea, a $200; asumiremos que verá siempre. Es lo razonable con un pozo de $758 y las chances de 7,5:1 que se le ofrecerían. Si va a ver siempre, la expectativa de ganancia será de $100 (descuenten los $100 que él puso).
En el otro extremo, si se manda un jugado, habrá veces que, dependiendo fundamentalmente de lo que tiene y quién es el que lo tiene, serán vistos y otras que no. Supongan que han llegado a la conclusión de que si tuviera la jota, los vería —por el estilo de rival— el 90% de las veces; y suponen —por LDM— que las probabilidades de que la tenga son de un 50%. Eso da un 45% de probabilidades de que les vean el jugado. El 90% de 50 es 45.
Si va a ver el 45% de las veces un jugado de $1.206 (están descontados los $100), la expectativa de ganancia es de $543. El 40% de 1.206 es 542,7.
En estas circunstancias, un jugado tiene una expectativa netamente superior a un revire mínimo. No serán vistos todas las veces pero a la larga recogerán mejores frutos.
Desde luego que estos cálculos, al estar basados en apreciaciones subjetivas, son imprecisos. Si no se cuenta con el tiempo requerido en el transcurso del pase para realizarlos o son proclives a decisiones cualitativas, una alternativa es recorrer el abanico de montos y escoger aquel que cuadre con mayor exactitud desde esta nueva perspectiva.
Anticipar
Deben jugarse ambas rondas separadamente, pero anticipándose a lo que va a venir. Lo que va a venir dependerá esencialmente de las barajas por salir, pero también de otros factores tales como el estilo del jugador y la historia de la parada.
Una situación típica:
En un torneo con ciegos de $500-$1.000, el stack con que cuentan al momento del turn es de $8.000. El pozo lleva acumulados $5.000 y sus barajas son A de diamantes J de corazones.



